En
su lugar el hábito
y
la vigilia del erudito
con
su pensamiento alado.
El
sueño añora el contacto,
su
rutina y su apetito;
yo
apenas he escrito
lo
que otros ni han hablado.
Mi
mano encuentra la rima
o
repetición ordenada de sílabas,
al
misterioso lector y las palabras.
Mientras
tu mano sólo abriga
a
aquel que lee el sinuoso
pasaje
que dictan tus ojos.
Carlos A.