jueves, 24 de mayo de 2012

La umbra

No conozco el amor.
En su lugar el hábito
y la vigilia del erudito
con su pensamiento alado.

El sueño añora el contacto,
su rutina y su apetito;
yo apenas he escrito
lo que otros ni han hablado.

Mi mano encuentra la rima
o repetición ordenada de sílabas,
al misterioso lector y las palabras.

Mientras tu mano sólo abriga
a aquel que lee el sinuoso
pasaje que dictan tus ojos.

Carlos A.

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