Qué tranquilidad
saber
que el cielo no se va a caer.
Qué tranquilidad el mar.
Qué tranquilidad saber que el ciego puede no estar triste,
los espejos, que juegan al despiste,
y esa luna (solamente la han pisado los demás).
Cada cual ve el mundo como lo quiere ver;
yo insisto,
insisto,
en no verlo como es.
Para el sol, qué tranquilidad equivocarse de cada cuatro años solamente un día,
saber que un número par está más lejos de ser cierto que infinito,
que lo que vemos no es luz sino el resto, que insiste en ser bonito
y saber que nunca serás mía.
Carlos A.
chapó!simple,no con mucha floritura y precioso!
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