Cierta flor roja que se llama rosa,
el mar de nada, de cuyas salpicaduras hoy sólo nos queda la luz lejana.
La distancia, el tiempo
que multiplica y divide la distancia,
el cuarto restante, que no es agua,
de la Tierra y la persona.
La mujer y el hombre (ninguno fue el primero).
Perdóname.
No puedo mirarte con la constancia
de haberme despedido del mundo.
Carlos A.
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