Recuerdo el primer beso,
la primera relación, que no fue la del primer beso,
y que la primera vez que me partí el corazón
( yo pensaba que me lo habían partido)
no fue por la primera relación.
Recuerdo que veía a mi madre y pensaba que no sabía,
sólo por pensar que no sabía cosas que yo sabía;
ahora sé que sabe y no por saber cosas que yo sé.
Recuerdo el primer puñetazo que recibí,
que significó el preludio del primero que di
y recuerdo que el que di me hizo sentir lo que debió sentir el hombre cuando se quemó con el fuego.
Recuerdo sentir el aburrimiento como un fin en sí mismo
y ver que todo lo que pudiese hacer ahora también lo podría hacer luego.
Recuerdo a mi abuelo, que en cierto modo nunca se fue,
y a mi abuela, que en cierto modo se fue con él.
Recuerdo ver los mapas como simples papeles con dibujos en ellos,
recuerdo no oír la música que mi padre se ponía o nos ponía,
y recuerdo que todavía a veces me lo pregunto pero no se lo pregunto.
Recuerdo tener la razón que luego fui perdiendo poco a poco
y el dolor, que ha ido aumentando su frecuencia pero cada vez duele menos.
Recuerdo huir de casa y recuerdo ver que no podía volver a ningún otro sitio después.
Recuerdo que aprendí a escuchar a base de darme cuenta de que hablaba demasiado,
recuerdo admirar y no saber admirar desde cerca,
recuerdo el miedo de verdad y también recuerdo que en mi consciencia no estaba la muerte
y recuerdo sentir la inseguridad de no poder ver en la oscuridad pero sentir que podía ser visto.
Recuerdo a ese amigo que ya fumaba y ofreció a aquellos que no lo hacíamos
y recuerdo que se negó aquel que era el más valiente
(no lo entendí porque confundía lo que era la valentía).
También recuerdo esa soledad donde no me sentía solo y no hablaba con nadie
y ahora me veo lejos,
acompañado,
hablando
y, en cierto modo,
esperando a alguien.
Carlos A.
No hay comentarios:
Publicar un comentario